jueves, 8 de enero de 2015

Olvidar el frío

Olvidar el frío.
Olvidar la nieve entre la suela del zapato.
Olvidar el hielo en la puerta del coche.
Olvidar el sol disparando a los ojos, agazapado.
Olvidar que has estado en un lugar llamado Wisconsin,
con un lago que no parece lago.

Esta mañana,
paseando por Columbia,
aprendí que no puedo olvidar el frío,
aunque no me guste,
aunque los dedos se quejen.
Esta mañana,
poderosa y pendenciera,
me trajo de vuelta los días,
se llevó el olvido,
me dejó el frío.